¿Por qué tomar un curso de rescate?

Sin duda alguna, todos los buzos del mundo, nos preguntamos alguna vez qué haríamos si nuestro compañero, o cualquier otra persona, sufriera un accidente en el agua. ¿Estaríamos a la altura de las circunstancias? ¿Sabríamos qué hacer?. Sabiéndolo ¿nos animaríamos a hacerlo?. La idea no es tan descabellada ni suena tan ilógica, simplemente podría pasar, y si pasa deberíamos estar preparados para responder. 

Los conceptos sobre un curso de Rescate suelen ser bastante erróneos. La mayoría de la gente se imagina que un buzo de rescate es alguien que, ante un accidente, se tira al agua entre medio de las olas para devolver a la víctima sana y salva a la costa o al barco. Eso en parte es cierto pero un buzo de rescate es mucho más que eso. 

Se podría dividir un curso de Rescate en dos partes claramente definidas. La parte de la prevención y la parte del rescate en sí mismo. Hay un viejo refrán que dice: "Vale más un gramo de prevención que una tonelada de tratamiento" así que en principio entrenamos a los buzos de rescate para ver más allá de lo que la gente no entrenada suele ver. 

La mayoría de los accidentes de buceo se dan por romper alguna de las reglas básicas de seguridad en inmersión. Por ejemplo: Uno de los principales productores de accidentes del buceo actual es el sobrelastrado del buzo. Sencillamente un buzo que lleva mucho más plomo en su cinturón que el que debería llevar. Un buzo de rescate aprende a ver este tipo de cosas, ve a esa persona saltar al agua y sabe que va a tener un inconveniente en breve. Entonces puede evitarlo anticipadamente o mantenerse al lado de lo que será la futura víctima esperando el momento de entrar en acción. Entonces este momento no lo sorprenderá, se encontrará cerca y sabrá de antemano el problema con el que está tratando. Cuando la víctima entre en pánico se acercará, le soltará el cinturón y lo tendrá flotando cómodamente sostenido por su traje de goma. 

Si hubiera un incendio a bordo el no tendrá que elaborar una respuesta, si no que él será la respuesta, sabe qué hacer y donde están los elementos. De eso se trata de "ver las cosas antes de que pasen". Si la prevención falla entonces habrá que realizar el rescate inmediato de la víctima, o sea, aplicar una tonelada de tratamiento. Pero veamos un poco antes de eso.

Estado físico de un buzo de rescate. 

Si tenemos en cuenta lo escrito anteriormente y reconocemos que la parte más importante es la prevención y "saber mirar" se podría decir que cualquiera, incluso una persona de 80 años podría ser un buen buzo de rescate. El evitará los accidentes antes de que ocurran. Brindará seguridad casi sin ser visto. Para eso no se requiere un estado físico especial. 

Si la prevención falla y el accidente se desató habrá que realizar el Rescate. Otro de los mitos conocidos es que un rescatista tiene que ser casi un atleta para poder nadar, por ejemplo, cien metros con una víctima. Eso no es cierto, se requiere una persona calmada y conocedora de la técnica adecuada. En todos los rescates contamos con un ayudante extraordinario, se llama Arquímedes. Un hombre en el agua pesa apenas un par de kilos. Provisto de su traje de neoprene tiene flotabilidad positiva. 

Un rescatador nunca tiene como principal prioridad llevar rápidamente a la víctima a la costa o al barco. Su única prioridad es mantenerlo con vida. Para eso se acerca a la víctima, desengancha con un movimiento el cinturón de plomo y en estado flotante lo lleva remolcando lentamente a la embarcación. Sólo es necesario conocer algunas técnicas para evitar que la persona lo abrace. Así como también técnicas para hablarle y calmarlo. 

No se requiere un estado físico especial ni nadar los cien metros en treinta segundos. Sólo se requiere calma, aplomo y decisión. Por otro lado ninguna persona de este mundo podrá jamás hacer un rescate que vaya más allá de sus posibilidades físicas. Pero cualquiera que conozca la técnica podrá, en la medida de sus posibilidades ayudar de alguna manera a la víctima. 

Es por eso que un curso de Rescate no exige a un buzo más de lo que pueda dar. Un curso de Rescate trata de sacar lo mejor de cada uno de nosotros mismos para que, ante un eventual accidente podamos colaborar efectivamente y sin poner en riesgo nuestra propia vida. Sólo se trata de conocer la técnica adecuada. 

50% de técnica, 50% de improvisación. 

No hay una regla clara que sirva como patrón para todos los accidentes en el agua. Se podría decir que la mitad de la respuesta está pre armada por la aplicación de la técnica. El resto tendremos que improvisarlo a partir del estado del mar y la condición de la víctima. La técnica se aprende, eso ya lo viste en tu curso de Open Water pero, ¿se puede aprender a improvisar? 

Obviamente que si. A lo largo de cada clase del curso le damos a los alumnos un sobre cerrado que contiene el desarrollo de un accidente real. Le damos un tiempo muy corto para leer el desarrollo del accidente y para que improvise una respuesta. Después se debaten las diferentes opciones, se ve cómo transcurrió y terminó el accidente real y en caso de que no se haya solucionado, se ve la solución que se tenía que haber empleado. Este método nos dio en el pasado muy buenos resultados en cuanto a crear lineamientos básicos de improvisación. Sin duda algo que se puede aprender. 

En las clases teóricas se revisan todos los probables accidentes, desde un buzo que cae del barco a un barco de buceo que se hunde. Después de todo, preparar a una persona para prevenir accidentes no distingue entre un pequeño accidente y una gran catástrofe. Un buzo de rescate debe estar preparado siempre, viendo lo que otros no ven, adelantándose a los acontecimientos. 

Los buzos de rescate son buzos más seguros. 

Estadísticamente los buzos de rescate se accidentan mucho menos que los buzos que no lo son. En parte por el gran nivel de prevención y en parte por el aplomo y la confianza que sienten al saber qué hacer. Si ellos están capacitados para ver un accidente antes de que este ocurra, podrán sin duda, evitar sus propios accidentes. Un buzo de rescate es un ejemplo a seguir, conocedor de las reglas y dispuesto a ayudar, sin duda alguna el compañero de buceo que todos queremos tener. 

La mayoría de los accidentes de buceo ocurridos en el mundo se podían haber evitado si una sola persona en las cercanías hubiera conocido las técnicas básicas para salvar una vida en el mar que, insisto, no se trata de pelear contra tiburones asesinos, se trata simplemente de saber mirar antes de que las cosas pasen y de estar preparado y decidido a enfrentar, con calma, los acontecimientos en la medida que estos se presenten. 

Todos estamos más seguros en el mar si hay más buzos de rescate; más gente dispuesta a salvar vidas.

Autor: Tito Rodriguez (1958-2007)

Director I.A.B. - Instructor Trainer SSI

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